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Congregación Cuerpo y Sangre de Cristo

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BOGOTA, D.C. Calle 78 # 76-26 Barrio la Granja, Cundinamarca, Colombia
Horario de Eucaristías de 2018: Miércoles 5:00 p.m.; Jueves 7:00 a.m. y 5:00 p.m.; Viernes 7:00 a.m. y 5:00 p.m.; Sábado 7:00 a.m.; Domingo 7:00 a.m.- 10:00 a.m.- 5:00 p.m. ENLACE SANTÍSIMO EN LINEA https://www.churchservices.tv/navan

Información Permanente

domingo, 27 de agosto de 2017

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 16,13-20. Domingo 27/08/2017




Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". 
Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". 
"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". 
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". 
Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. 
Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. 
Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". 
Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

V. Palabra del Señor
R. Gloria a ti, señor Jesús





Leer el comentario del Evangelio por San Hilario (c. 315-367), obispo de Poitiers y doctor de la Iglesia Comentario sobre Mateo, 16

«Tú eres... el Hijo del Dios vivo»

El Señor había preguntado: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?» Seguramente que la simple vista de su cuerpo manifestaba que era el Hijo del hombre, pero haciendo esta pregunta quería hacer comprender que, al verle había algo más en él, había algo que necesitaba ser discernido... El objeto de la pregunta era un misterio, a él debía tender la fe de los creyentes. 
La confesión de Pedro obtuvo plenamente la respuesta merecida por haber visto en el hombre al Hijo de Dios. Él es «dichoso», alabado por haber extendido su vista más allá de la de los ojos humanos, no prestando atención a lo que venía de la carne y de la sangre, sino contemplando al Hijo de Dios revelado por el Padre celestial. Pedro fue juzgado digno de ser el primero en reconocer que Cristo era Dios. ¡Qué fundamento que tiene la suerte de dar a la Iglesia el título de su nombre nuevo! Se convierte en la piedra digna de edificar la Iglesia, de manera que rompe las leyes del infierno... y todas las demás cárceles de muerte. Dichoso portero del cielo a quien se le confían las llaves de acceso a la eternidad; su sentencia en la tierra se adelanta a la autoridad del cielo, de manera que lo que se ligue o desligue en la tierra será ligado o desligado en el cielo.
Jesús, además, ordena a los discípulos que no digan a nadie que él es Cristo, porque era necesario que otros, es decir, la Ley y los profetas, fueran testimonios de su Espíritu, mientras que el testimonio de la resurrección es propio de los apóstoles. Y puesto que la bienaventuranza de los que conocen a Cristo en el Espíritu ha sido manifestada, se manifiesta, a su vez, el peligro de desconocer su humildad y su Pasión.


domingo, 20 de agosto de 2017

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 15,21-28. Domingo 20/08/17




Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón. 
Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio". 
Pero él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos". 
Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel". 
Pero la mujer fue a postrarse ante él y le dijo: "¡Señor, socórreme!". 
Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros". 
Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!". 
Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada. 

V. Palabra del Señor
R. Gloria a ti, señor Jesús






Leer el comentario del Evangelio por San Beda el Venerable (c. 673-735), monje benedictino, doctor de la Iglesia 

Homilía sobre los evangelios, I,22; PL 94, 102-105


“Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz!” (Mt 9,22)
El evangelio nos muestra aquí la fe grande, la paciencia y la humildad de la cananea... Esta mujer tenía una paciencia realmente poco común. En su primera petición al Señor, éste no le responde palabra. No obstante, lejos de dejar de insistir, ella implora con más ahínco el auxilio de su bondad... El Señor, viendo el ardor de nuestra fe y la tenacidad de nuestra perseverancia en la oración, tendrá compasión de nosotros y nos concederá lo que le pedimos. 

La hija de la cananea tenía un demonio que la atormentaba. Una vez expulsada la mala agitación de nuestros pensamientos y deshechos los nudos de nuestros pecados, la serenidad del espíritu volverá a nosotros, junto con la posibilidad de obrar rectamente... Si, al igual que la cananea, perseveramos en la oración con firmeza inquebrantable, la gracia de nuestro Creador se nos hará presente: corregirá todos nuestros errores interiores, santificará todo lo que es impuro, pacificará toda agitación. Porque el Señor es fiel y justo. Nos perdonará nuestros pecados y nos purificará de toda inmundicia si le invocamos con la voz atenta de nuestro corazón.




domingo, 13 de agosto de 2017

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 14,22-33. Domingo 13/08/17



En seguida, obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud. 
Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo. 
La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. 
A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar. 
Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron. "Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. 
Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman". 
Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua". 
"Ven", le dijo Jesús. Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él. Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". 

En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía: "Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?". En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. 

Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios". 



Leer el comentario del Evangelio por Orígenes (c. 185-253), presbítero y teólogo

Comentario al Evangelio según Mateo, 11,6; PG, 13, 919
«Realmente eres Hijo de Dios»


Cuando habremos aguantado las largas horas de noche oscura que sobrevienen en los momentos de prueba, cuando habremos luchado lo mejor que sabemos..., estemos seguros que hacia el final de la noche cuando «la noche está avanzada, y el día se echa encima» (Rm 13,12), el Hijo de Dios se acercará a nosotros, caminando sobre las olas. Cuando le veremos venir así, nos sobrecogerá una turbación hasta el momento en que comprenderemos claramente que es el Salvador que ha venido entre nosotros. Creyendo ver un fantasma, gritaremos de espanto, pero él nos dirá inmediatamente: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». 


Es posible que estas palabras que nos dan seguridad, harán surgir en nosotros un Pedro en camino hacia la perfección, que bajará de la barca, seguro de haber escapado de la prueba que le sacudía. Al principio, su deseo de salir al encuentro de Jesús le hará caminar sobre las aguas. Pero estando su fe todavía poco segura y dudando de sí mismo, se dará cuenta de la «fuerza del viento», tendrá miedo y empezará a hundirse. Sin embargo, saldrá de este peligro porque lanzará a Jesús este gran grito: «¡Señor, sálvame!». Y apenas este otro Pedro habrá acabado de decir «¡Señor, sálvame!», que el Verbo extenderá la mano para socorrerle, lo agarrará en el momento en que comenzaba a hundirse, reprochándole su poca fe y sus dudas. Fíjate, sin embargo, que no le ha dicho: «Incrédulo» sino «hombre de poca fe» y que está escrito: «¿Por qué has dudado?», es decir: «Es cierto que tenías poca fe, pero te has dejado arrastrar en el sentido contrario». Seguidamente, Jesús y Pedro volverán a subir a la barca, el viento amainará y los pasajeros, comprendiendo de qué peligro han sido salvados, adorarán a Jesús diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios». Estas palabras las dicen tan sólo los discípulos próximos a Jesús en la barca.


sábado, 5 de agosto de 2017

LA TRANSFIGURACIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUS



Evangelio según San Mateo 17,1-9. 
Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado. 
Allí se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. De pronto se les aparecieron Moisés y Elías, hablando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: "Señor, ¡qué bien estamos aquí! Si quieres, levantaré aquí mismo tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". 
Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y se oyó una voz que decía desde la nube: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta mi predilección: escúchenlo". Al oír esto, los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: "Levántense, no tengan miedo". Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo. 
Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: "No hablen a nadie de esta visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos". 

MONTE DE LA TRANSFIGURACIÓN - ISRAEL


Comentario del Evangelio por:  San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia 
Sermón 78,2-6; PL 38, 490-493

“Y esta es la voz, venida del cielo, que nosotros escuchamos cuando estábamos con él en el monte santo.” (2Pe 1,18)

Señor, ¡qué bien estamos aquí!” Cansado de vivir en medio de la gente, Pedro había encontrado la soledad en la montaña donde su alma se alimentaba de Cristo. ¿Por qué tenía que dejar este lugar para ir hacia las fatigas y las penas, él que ardía en amor de Dios y, por lo tanto, santificaba su vida? Quería disfrutar de esta felicidad, aunque añadía: “Si tú quieres, hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés, otra para Elías.”....(Mt 17,4) 

Pedro deseaba tres tiendas: la respuesta venida del cielo nos muestra que no tenemos más que una: la Palabra de Dios es Cristo, la Palabra de Dios está en la Ley, la Palabra de Dios está en los profetas... En el momento en que la nube cubría a todos y formaba, para decirlo de alguna manera, una sola tienda encima de ellos, una voz salía de la nube...Aquel a quien la voz revelaba es aquel que glorificaban tanto la Ley como los profetas: “¡Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco, escuchadle!” (Mt 17,5). Ya lo habéis escuchado en los profetas, lo habéis escuchado en la Ley, ¿dónde no lo habéis oído? A estas palabras, los discípulos cayeron de bruces... 

Cayendo en tierra, los apóstoles simbolizan nuestra muerte..., pero, levantándose el Señor, simboliza la resurrección. Después de la resurrección ¿a qué sirve la Ley? ¿A qué sirven los profetas? En aquel momento Elías desaparece, desaparece también Moisés. Lo que queda: “En el principio existía la Palabra y la Palabra era junto a Dios y la Palabra era Dios” (Jn 1,1). La Palabra te queda para que Dios sea todo en todos (lCor 15,28)... 

“Desciende, Pedro, Tú deseabas descansar en la montaña... Mira que el Señor mismo te dice: “Desciende a servir y a sufrir en este mundo, a ser despreciado y crucificado en este mundo”. La vida descendió para ser asesinada, el pan descendió para soportar el hambre, el camino descendió para cansarse en los caminos, la fuente descendió para pasar sed, y tú, ¿tú rehusas el sufrimiento? ¡No busques tu propio provecho! ¡Practica la caridad, anuncia la verdad! Así llegarás a la inmortalidad y con ella encontrarás la paz.


sábado, 3 de junio de 2017

PREPARACIÓN PENTECOSTES JUNIO 3 DE 2017

SEPTENARIO AL ESPÍRITU SANTO PARA PEDIR SUS DONES




ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS


DÍA SÉPTIMO - DON DE TEMOR DE DIOS

¡Oh Espíritu consolador, bondad inefable, que suavísimamente abrasas las almas en fuego celestial! Aquí venimos tus hijos a implorar tu protección poderosa y todos tus dones, para emplearlos en saber amar a Jesús.

Ven a nuestra inteligencia para que reine en ella la luz purísima de Jesús. Ven a nuestra voluntad para que en ella reine la santidad de Jesús.

Ven a nuestro corazón para que en él reine el amor a Jesús.

Ven, por fin, a nuestro ser, para que lo absorba la vida divina de Jesús. Tú que eres la fuente de gracia, derrámala abundantemente en nuestros corazones.

¡Oh divino Espíritu, fuente de infinita pureza!, límpianos del pecado, renueva nuestras almas en Cristo y escucha propicio las peticiones que ahora te hacemos. 

Amén.

Don de Temor de Dios

El don de temor de Dios no consiste en el miedo a la justicia Divina, sino que basado en el Amor de Dios, teme la ofensa que pueda desagradar a su Amado.

La delicadeza de conciencia es compañera de este santo temor. 

El santo temor es el don del Espíritu Santo que lleva consigo al de sabiduría; porque El que ama la Cruz teme el pecado. 

Como todas las virtudes están ligadas entre su y unas a otras se atraen, igualmente pasa con los dones, que están todos en más o menos grados. 

El alma que posee el temor de Dios no peca, la impulsa solo el amor, huye de todo mal solo por no disgustarlo, por ser Quien es digno de toda alabanza y adoración.

Al temor de Dios lo acompaña siempre la contrición. 

Dios teme el pecado, porque ama al pecador. Jesús te el pecado, no tanto porque lo crucifica, sino por la ofensa que recibe la divinidad; el ver ofendido a su Padre cuya grandeza no puede el hombre llegar a comprender, en eso consiste su dolor. 

De la misma manera el alma, en cuanto sea capaz, debe temer el pecado, no por el castigo, sino *por ver ofendido a su creador y amorosísimo Padre*. Este debiera ser el dolor del pecado, dolor sublime, digno de gracias infinitas. 

¡Oh Espíritu Divino!, danos la gracia del verdadero temor de Dios, el cual, *por puro amor* y no por miedo, se lanza a evitar el pecado, en alas de la más pura caridad. Amén. 

ORACIÓN FINAL

¡Oh Espíritu Santo, benigno y consolador que te complaces en aliviar nuestros males!

¡Oh fuego celestial que fecundizas cuanto tocas!, ¡ven a extender por todo el mundo el amor a la Cruz! Derrama sobre nosotros tu suave unción; suscita vocaciones de laicos, religiosos y sacerdotes. Presérvanos de todo mal y llénanos de celestiales riquezas. Amén.

JACULATORIA

Crea en mí, ¡Dios mío!, un corazón puro y renuévame por dentro con espíritu firme.


viernes, 2 de junio de 2017

PREPARACIÓN PARA PENTECOSTES JUNIO 2 DE 2017

SEPTENARIO AL ESPÍRITU SANTO PARA PEDIR SUS DONES





ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS


DÍA SEXTO - DON DE PIEDAD

¡Oh Espíritu consolador, bondad inefable, que suavísimamente abrasas las almas en fuego celestial! Aquí venimos tus hijos a implorar tu protección poderosa y todos tus dones, para emplearlos en saber amar a Jesús.

Ven a nuestra inteligencia para que reine en ella la luz purísima de Jesús. Ven a nuestra voluntad para que en ella reine la santidad de Jesús.

Ven a nuestro corazón para que en él reine el amor a Jesús.

Ven, por fin, a nuestro ser, para que lo absorba la vida divina de Jesús. Tú que eres la fuente de gracia, derrámala abundantemente en nuestros corazones.

¡Oh divino Espíritu, fuente de infinita pureza!, límpianos del pecado, renueva nuestras almas en Cristo y escucha propicio las peticiones que ahora te hacemos. 

Amén.

Don de Piedad

El don de piedad lleva consigo los dos amores el de Dios y el del prójimo en grado eminente, y por ambos amores el alma se sacrifica; él conduce a la santidad y a la unión con el Espíritu Santo que lo produce, lleva muchas virtudes en su seno y hace además que se practiquen.

La verdadera piedad no consiste en las prácticas exteriores solamente, sino en un fondo de inmolación generosa que unifica nuestra voluntad con la de Dios: la piedad que procede del Espíritu Santo está basada en la Cruz. Huye de todo lo que pueda encumbrarla y se oculta en la oscuridad de las virtudes; allí brilla el don y crece sin obstáculos.

En el don de piedad está el asiento del *amor y del dolor.* No se queda en el deseo de la santidad, se lanza al fondo de la vida espiritual y ama con amor activo, que la lleva hasta el sacrificio por el Amado.


La verdadera piedad es desinteresada, no tiene envidia ni murmura; su amor al prójimo es auténtico y en él impera el perdón y todas las obras de misericordia.

Por el don de piedad el alma busca como combustible la  mortificación y la penitencia que la purifique y la prepare a la unión con Dios.

¡Si el Espíritu Santo encontrara corazones para enviarles sus dones!, la farsa de la piedad es la que reina en el mundo; el camino de la Cruz es el único que conduce al cielo.

El don de piedad aviva el fuego del amor activo y con esa fuerza divina el alma es capaz de los más encumbrados actos de sacrificio.

El primer carácter de la verdadera piedad es el *amor,* manifestado en todos los detalles de nuestra vida.

El segundo es el *respeto.* El tercero es la *sumisión.* 

¡Oh Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo!, por tu Verbo concédenos el don de piedad, que nos haga arder en celestial incendio de caridad.

Queremos subir por la Cruz al Corazón de Cristo que tanto amamos. Amén.

ORACIÓN FNAL

¡Oh Espíritu Santo, benigno y consolador que te complaces en aliviar nuestros males!

¡Oh fuego celestial que fecundizas cuanto tocas!, ¡ven a extender por todo el mundo el amor a la Cruz! Derrama sobre nosotros tu suave unción; suscita vocaciones de laicos, religiosos y sacerdotes. Presérvanos de todo mal y llénanos de celestiales riquezas. Amén.

JACULATORIA

Crea en mí, ¡Dios mío!, un corazón puro y renuévame por dentro con espíritu firme.


jueves, 1 de junio de 2017

PREPARACIÓN PENTECOSTES JUNIO 1 DE 2017

SEPTENARIO AL ESPÍRITU SANTO PARA PEDIR SUS DONES




 ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Espíritu consolador, bondad inefable, que suavísimamente abrasas las almas en fuego celestial! Aquí venimos tus hijos a implorar tu protección poderosa y todos tus dones, para emplearlos en saber amar a Jesús.

Ven a nuestra inteligencia para que reine en ella la luz purísima de Jesús. Ven a nuestra voluntad para que en ella reine la santidad de Jesús.

Ven a nuestro corazón para que en él reine el amor a Jesús.

Ven, por fin, a nuestro ser, para que lo absorba la vida divina de Jesús. Tú que eres la fuente de gracia, derrámala abundantemente en nuestros corazones.

¡Oh divino Espíritu, fuente de infinita pureza!, límpianos del pecado, renueva nuestras almas en Cristo y escucha propicio las peticiones que ahora te hacemos. 

Amén.

DÍA QUINTO - DON DE FORTALEZA

El don de fortaleza lo da el Espíritu Santo solamente a las almas valerosas que saben luchar contra sí mismas. Parece que debiera regalarlo a los débiles, pero es lo contrario: sólo lo regala a las esforzadas, porque a las otras les haría daño y él es la perenne fuente de todo bien.

La fortaleza acude a prestar su auxilio a quien lucha, se sacrifica y perdona.

¿El don de fortaleza, a quién sostiene? Al alma cansada, fatigada y casi rendida en la pelea; es el guardián del corazón puro y valiente en cualquiera prueba, y vela en el dolor y sostiene en el sacrificio. 

El don de fortaleza viene a dar la mano al amor activo y acompaña en la vida espiritual; es la esperanza del soldado de Jesucristo y, con la sonrisa en los labios y la dicha en el alma, la ven llegar todos los que sufren; da valor en el vencimiento propio, y constancia en la lucha.


Este don de fortaleza ¿en dónde está escondido? En la oración. En el Huerto de los Olivos, Jesús quiso descubrir el don de fortaleza al mundo cuando, estando en oración, recibió la divina fortaleza; tres veces la buscó para enseñarnos a pedirla.

María poseyó este don en toda su plenitud, y al pie de la Cruz brilló en ella de una manera admirable. Es tan rico este don de fortaleza, que alcanza para quien se sacrifica la perseverancia final y el cielo.

Feliz quien posee este don, no lo conmueven ni las pasiones, ni los enemigos; es inquebrantable, por la fuerza sobrenatural que lo sostiene, la fuerza divina del Espíritu Santo.

A este don lo acompañan siempre las virtudes teologales, que comunican sus cualidades y efectos a quien lo posee.

¡Es incomprensible a la inteligencia humana este don de fortaleza!

Dánoslo, Espíritu Divino, que necesitamos de tu fortaleza; te prometemos vencernos a nosotros mismos, extirpar los vicios del corazón y estar dispuestos siempre a luchar después de cada tormenta.  “...Los que ponen en ti su confianza? jamás serán confundidos”. Sal 22, 6.

¡Me negaré a mí mismo y tomaré mi Cruz con amor! Cf. Mt 10, 38, ¡que todo lo puedo en Aquel que me conforta! Cf. Flp 4, 13. Amén.  

ORACIÓN FINAL

¡Oh Espíritu Santo, benigno y consolador que te complaces en aliviar nuestros males!

¡Oh fuego celestial que fecundizas cuanto tocas!, ¡ven a extender por todo el mundo el amor a la Cruz! Derrama sobre nosotros tu suave unción; suscita vocaciones de laicos, religiosos y sacerdotes. Presérvanos de todo mal y llénanos de celestiales riquezas. Amén.

JACULATORIA

Crea en mí, ¡Dios mío!, un corazón puro y renuévame por dentro con espíritu firme.


miércoles, 31 de mayo de 2017

PREPARACIÓN PENTECOSTES MAYO 31 DE 2017

SEPTENARIO AL ESPÍRITU SANTO PARA PEDIR SUS DONES






ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

¡Oh Espíritu consolador, bondad inefable, que suavísimamente abrasas las almas en fuego celestial! Aquí venimos tus hijos a implorar tu protección poderosa y todos tus dones, para emplearlos en saber amar a Jesús.

Ven a nuestra inteligencia para que reine en ella la luz purísima de Jesús. Ven a nuestra voluntad para que en ella reine la santidad de Jesús.

Ven a nuestro corazón para que en él reine el amor a Jesús.

Ven, por fin, a nuestro ser, para que lo absorba la vida divina de Jesús. Tú que eres la fuente de gracia, derrámala abundantemente en nuestros corazones.

¡Oh divino Espíritu, fuente de infinita pureza!, límpianos del pecado, renueva nuestras almas en Cristo y escucha propicio las peticiones que ahora te hacemos. 

Amén.

DÍA CUARTO - DON DE CIENCIA

El don de ciencia enseña la verdad, y la verdad es la humildad.

Quien tiene en plenitud este don no puede ser soberbio; porque de la verdad dimana la humildad.

Este don lleva también consigo el propio conocimiento infuso; la distancia entre la creatura y DIOS y la bondad gratuita de sus favores; esta gracia, lejos de envanecerla, la confunde y humilla, y la hace tocar su impotencia, su debilidad y su nada. Esta ciencia de ambos conocimientos es la verdadera ciencia que produce frutos de sólidas virtudes. 

Este don lo regala el Espíritu Santo por medio de la oración o contemplación. 

La ciencia que no se funda en Dios es vana y peligrosa; la ciencia que procede del Espíritu Santo se encuentra en el fondo de un alma pura y sacrificada; ¡en la Cruz está la verdadera ciencia de los santos!

Para la ciencia humana, da Dios la inteligencia al hombre en su entendimiento; y para la divina le da la luz de la fe y el don de ciencia. Este don lo da el Espíritu Santo no tanto en los libros, sino en el conocimiento claro de lo sobrenatural y divino por medio del trato *íntimo, humilde y frecuente* con Dios, por la *oración.*
La ciencia de lo divino sólo con el don del Espíritu Santo se conoce; él lo da para bien de muchos, no solamente para quien lo recibe; como los talentos de que habla el Evangelio, que deben producir y multiplicarse.

¡Feliz el alma que tiene la ciencia de los justos! ¡Puede recibir sin bambolearse en la humildad los tesoros de gracia y virtudes, y quedarse en su propia nada, devolviendo a Dios lo que es suyo!

Este don contiene un secreto, dentro de la luz que infunde en los espíritus que posee, y consiste en que oculta al alma sus buenas cualidades y virtudes, y la afianza en su pequeñez.

El Espíritu Santo mueve con el don de ciencia la más profunda humildad.

¡Danos, Espíritu divino, el don de ciencia, que anhelamos ser humildes! ¡Enséñanos a orar con verdadera contrición y a llamarte en nuestra ayuda! Sé nuestra luz en la oscuridad; enséñanos a amar la Cruz y descúbrenos sus secretos. Queremos vivir en el Corazón de Jesús en donde tú habitas, Espíritu Santo, en ese Corazón que es abismo de humildad y de amor.

Amén.

ORACIÓN FINAL

¡Oh Espíritu Santo, benigno y consolador que te complaces en aliviar nuestros males!

¡Oh fuego celestial que fecundizas cuanto tocas!, ¡ven a extender por todo el mundo el amor a la Cruz! Derrama sobre nosotros tu suave unción; suscita vocaciones de laicos, religiosos y sacerdotes. Presérvanos de todo mal y llénanos de celestiales riquezas. Amén.

JACULATORIA

Crea en mí, ¡Dios mío!, un corazón puro y renuévame por dentro con espíritu firme.